Hasta siempre, Fermín
Hay algo que se muere en el alma cuando un amigo se va. Así te siento yo hoy, Fermín
Desde el Fondo Norte se cruzaron nuestras miradas en más de una ocasión. La mía era de nervios y miedo; la tuya, de tranquilidad. En ese instante ya sabía que todo iba a salir bien, porque tú estabas bajo los palos.
En Haro nos quitaste lo que el Sanse nos devolvió. A partir de aquel día dejaste de ser solo el portero del Zamora para convertirte en uno más de los nuestros. Porque quienes tuvimos la suerte de verte de cerca conocimos tu verdadero sentimiento, tu calidad humana, tu sentido de pertenencia y el inmenso amor que profesabas por esta ciudad y por esta provincia.
Hoy es un día tristísimo para todo el zamoranismo. No pudimos vivir juntos ese ascenso y ese sueño que tantas veces imaginamos, pero el cariño, el respeto y la admiración hacia tu persona permanecerán para siempre.



Elegiste Zamora como tu casa, y no pudiste elegir mejor. Zamora también te eligió a ti y jamás te olvidará.
Ahora me queda lo más difícil: explicarle a mi hija que ya no estás con nosotros. Ella, que solo conoce a Messi, a Cristiano Ronaldo… y a ti, Fermín. Para ella siempre serás San Fermín de Zamora.


Ojalá la vida te devuelva todo lo bueno que sembraste. No por quién fuiste bajo una portería, sino por la persona que demostraste ser cada día. Un pequeño gran portero. Un capitán de los que dejan huella para siempre.
Tu casa siempre será el Ruta de la Plata. Allí, donde tantas veces nos hiciste creer, te espera un aplauso eterno y una ovación que nunca terminará.
Hasta siempre, capitán.



