Zamora CF, duele más por lo que no se ve

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Duele más este punto que los cero que se trajeron de Mérida. Y duele más no por el resultado, sino por las sensaciones. Porque el Zamora CF parece, desde el último partido de diciembre, un equipo que ha dejado de evolucionar, de crecer, de avanzar en su idea.

En lo que va de año apenas hemos visto alguna ráfaga de esperanza, momentos sueltos que invitan a creer, pero muy lejos todavía de un rendimiento consistente, de un partido completo, redondo, del 0 al 100.

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Una presión que no protege

En defensa, el equipo no aprieta lo suficiente cuando intenta la presión alta, ni lo hace con la coordinación necesaria. Y convendría saber exactamente qué exige el técnico y si los jugadores lo están ejecutando, o si estamos ante un problema de análisis y preparación.

Porque una cosa está clara: una presión mal hecha es la peor de las defensas posibles. Te parte, te expone y te deja sin red.

Una idea que no termina de reconocerse

Llama la atención querer alternar bloque bajo en un equipo concebido, en teoría, para tener el balón. Porque tener la posesión no es solo sacar el balón en corto. Salir combinando no es acabar jugando en largo una y otra vez.

Si al final el balón termina volando sin continuidad, algo falla:
eso es lo que se trabaja,
o los jugadores no están interpretando lo que se les pide.

Y esa duda, ahora mismo, es una de las mayores preocupaciones.

Ni cómodo atrás ni dominador arriba

Hace tiempo que el equipo no está cómodo defendiendo, pero tampoco logra ser dominador con balón, que es lo que se presupone de la idea. Se genera poco, y si además no se es fiable atrás, es prácticamente imposible sacar resultados.

Sin seguridad defensiva ni control del juego, todo se convierte en un ejercicio de supervivencia.

Vestuario unido, esperanza final

Ahora bien. Si este vestuario está tan unido, si es tan sano y trabaja tan bien como se repite una y otra vez desde dentro, los afizionados debemos confiar en que sabrán hacer autocríticalamerse las heridas y apretar los dientes.

Queda tiempo. Cada vez menos, sí. Pero queda.
Y lo primero que toca es igualar las intensidades, competir cada balón como si fuera el último y volver a reconocerse como equipo.

Porque si este grupo es de verdad lo que dice ser, este será el momento de demostrarlo.

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