El fútbol es de los jugadores… pero no sólo de ellos

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La frase “el fútbol es de los jugadores” se repite como un mantra en tertulias, ruedas de prensa y conversaciones de grada

Y sí, tiene algo de verdad, pero también encierra una simplificación peligrosa. Porque si la realidad fuera tan directa, si todo dependiera únicamente del talento de quienes pisan el césped, entonces esos mismos jugadores que hoy brillan en un fútbol combinativo, que manejan los espacios, que presionan tras pérdida, que defienden tanto en bloque bajo como en campo abierto y que van con ambición a por el segundo y el tercer gol… hubieran hecho exactamente lo mismo hace unos meses.

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Si todo fuera tan sencillo, no habría hecho falta una destitución ni un relevo en el banquillo. Tampoco se les habría puesto en duda, insinuando que quizá no eran tan buenos como nos contaron. Pero la paradoja está ahí: esos jugadores que parecían incapaces de enlazar tres pases seguidos son los mismos que ahora practican un fútbol que hace nada parecía inalcanzable. Los mismos, pero distintos. O, mejor dicho, los mismos, pero dirigidos de otra manera.

imágenes: redes sociales Zamora CF

Es evidente que es pronto para emitir sentencias. Ni son tan buenos ahora ni eran tan malos antes. El tiempo dictará la verdad, como siempre hace en el fútbol. Pero lo que sí se puede afirmar ya es que la transformación del equipo no puede explicarse únicamente por los futbolistas. Cuando se pasa de un juego directo, sin un rumbo claro, donde la presión alta era casi el único argumento reconocible y en el que el equipo se desmoronaba físicamente a partir del minuto 80, es inevitable pensar que algo —y mucho— tuvo que ver también el anterior preparador físico.

Y aun así, la diferencia más visible apunta directamente al banquillo. Porque de ese fútbol atropellado se ha pasado a un conjunto protagonista desde el primer metro hasta el último, que transita por todo el campo con sentido, que tiene identidad, que tiene plan, que mete el primero, el segundo y sale decidido a por el tercero. Y ese cambio no se explica sin una figura: una sola persona, una idea, un modelo. Y esa persona se llama Óscar Cano.

Es pronto, sí. Pero la transformación es tan evidente que desmiente la frase con la que empezábamos.

El fútbol es de los jugadores, claro.
Pero también es de los entrenadores.
Y también, aunque a veces se olvide, es de los afizionados.

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