C.D. Santa Croya cuando el fútbol es identidad, compromiso y disfrute

El equipo rojiblanco del Valle del Tera, puede estar llamado a hacer algo importante

En un fútbol cada vez más dominado por la prisa, los números y las urgencias, el C.D. Santa Croya se ha convertido en una de esas excepciones que recuerdan por qué este deporte sigue teniendo alma. El equipo de la Provincial de Aficionados de Zamora, con sede en la pequeña localidad de Santa Croya de Tera —a orillas del río Tera y con apenas 250 habitantes—, no solo compite: representa.

Imágenes: C.D Santa Croya

El escenario no puede ser más simbólico. El campo municipal de Las Eras es mucho más que un terreno de juego; es un punto de encuentro social, un lugar donde el pueblo se reconoce a sí mismo cada fin de semana. Allí, con camiseta rojiblanca, calzón y medias negras, el Santa Croya sale a jugar sin complejos, sin presión y con una idea muy clara: disfrutar del fútbol.

Los resultados, sin embargo, han llegado. A falta de una jornada para cerrar la primera vuelta, el equipo ocupa la segunda posición de la tabla, con un partido menos y los mismos puntos que el, por ahora, líder Villaralbo “B”. No es fruto de la casualidad. Tampoco una sorpresa. Es la consecuencia lógica de un grupo bien construido, tanto en lo deportivo como en lo humano.

Bajo la presidencia de Luis Barrero y con Gildo Arenas dirigiendo desde el banquillo, el club cuenta con las 22 fichas completas. Una plantilla heterogénea, formada por trabajadores y estudiantes, con edades que van desde la veintena hasta los cuarenta y tantos, que apenas puede entrenar entre semana y que se reúne, principalmente, para competir los fines de semana. Cuando toca jugar fuera, los desplazamientos se realizan en coches particulares y los gastos corren a cuenta de los propios jugadores. Aun así —o quizá precisamente por eso— el compromiso es absoluto.

La base del equipo es claramente comarcal: jugadores de Santa Croya de Tera, Pumarejo de Tera, Mombuey o Rionegro del Puente que sienten el escudo como algo propio. Sobre el césped se traduce en un fútbol vistoso, valiente y sin ataduras, donde destacan nombres como Rubén Martín en el extremo, la solidez defensiva de Iker, la inteligencia en la medular de Quiroga, el olfato goleador de Berodas —tercer máximo anotador de la categoría— o la polivalencia de Germán, capaz de rendir como lateral derecho pese a ser mediocentro defensivo por naturaleza.

Pero si algo define al Santa Croya es su capacidad de adaptación y su espíritu colectivo. Es un equipo de amigos, una auténtica piña, donde los jugadores aceptan cambios de posición sin protestas, entienden las necesidades del grupo y hacen la vida fácil al cuerpo técnico. Más que una plantilla, es una pequeña familia.

Por todo ello, no resulta extraño que el conjunto del valle de Tera esté asentado en la parte alta de la clasificación. La calidad técnica existe, pero la calidad humana marca la diferencia. El Santa Croya apunta claramente hacia arriba, sin renunciar a nada. Soñar con el primer puesto no es una osadía; es una aspiración legítima. Y pensar en una posible presencia en la Regional de Aficionados la próxima temporada no suena a quimera, sino a premio merecido.

En tiempos de fútbol acelerado, el C.D. Santa Croya demuestra que también se puede competir desde la amistad, el esfuerzo desinteresado y el amor por un escudo. Y eso, gane o no la liga, ya es una gran gesta.

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