Las dudas de Cano
El Zamora CF terminó la pasada temporada a un palo de la Segunda División. Un equipo que rozó el ascenso y que, sin embargo, ha sufrido multitud de cambios durante el verano
Se fueron jugadores como Markel, Mario, Erik o Abde Damar, pero, sobre todo, salieron pesos pesados del vestuario como Kike Márquez y Fermín, gente curtida en mil batallas.
Óscar Cano parece que se quedó con una imagen muy clara de aquella eliminatoria ante el Sabadell: las piernas. El Zamora necesitaba más piernas, más energía, más ritmo y más capacidad física. Y eso es precisamente lo que se ha buscado en el mercado.
Dentro de las posibilidades de un presupuesto que se mueve en la mitad alta de los dos grupos de Primera Federación y que, en el Grupo I, podría situarse aproximadamente entre el séptimo y el octavo, David Vizcaíno ha hecho lo que ha podido y, sobre todo, lo que Cano ha pedido.
Ahora bien, después de una pretemporada ilusionante, especialmente en su tramo final, y de un inicio de Liga prometedor, el Zamora se encuentra con un punto de seis posibles.
Y ese es, quizá, el menor de los problemas.
Lo verdaderamente preocupante son las dudas que empieza a transmitir Óscar Cano.
Tiene un equipo joven, con buena savia, con mucha igualdad y con numerosos futbolistas capaces de ocupar diferentes posiciones. Una plantilla con polivalencia, sí, pero también con ciertas limitaciones y, probablemente, más corta de lo que parece.
Cuando cambias medio equipo de una jornada a otra después de un partido en el que, sin jugar todo lo bien que se pretendía, tu equipo mereció ganar, solo cabe hacerse una pregunta:
¿Tantas dudas tienes? ¿Tan mal viste a los primeros para volver a los segundos y, después, volver a cambiar?
Una cosa es tener alternativas. Una cosa es contar con jugadores polivalentes. Y otra muy diferente es hacer dudar a todo el mundo sobre cuál es su posición y cuál es realmente su papel dentro del equipo.
Porque mientras intentas explicar que todos pueden jugar de todo, la competición empieza a poner a cada uno en su sitio. Y el Zamora corre el riesgo de quedarse en un lugar inocuo, en un escenario donde comienzan las dudas y nadie termina de saber quién es quién.
La temporada pasada se criticaba que apenas había cambios.
Ahora parece que no tenemos once.
Y entre un extremo y otro debería estar la virtud.




