El sentido común en la expedición de Martín Ramos se impone en el Gasherbrum I
Martín Ramos y su expedición renuncian al Gasherbrum I ante el peligro extremo de avalanchas.
Hay momentos en el alpinismo de alta cota donde la verdadera valentía no consiste en dar un paso más hacia la cima, sino en darlo hacia abajo. En las entrañas del Karakórum, allí donde el aire escasea y la línea entre la gloria y la tragedia es fina como una arista de hielo, la expedición en la que participa el montañero zamorano Martín Ramos ha tomado la decisión más difícil y madura: poner fin a su intento de ascensión al Gasherbrum I (8.080 m).


Imágenes Campo Base: redes sociales Horia Colibasanu
La montaña ya venía avisando. Días atrás, la dureza del pico oculto —como también se conoce al Hidden Peak— y el desgaste acumulado ya habían hecho mella en el grupo, llevando a varios integrantes a desistir en su empeño. Sin embargo, el núcleo duro de la expedición mantuvo la fe y logró fijar la posición para el ataque final en el Campo 3, a unos 7.000 metros de altitud.
Desde esa atalaya helada, rozando el cielo pakistaní, los alpinistas ultimaron los planes para hollar la cumbre. Pero la naturaleza tenía la última palabra.
El verdadero obstáculo no fue solo la meteorología —con unas previsiones que distaban mucho de la ventana de buen tiempo necesaria—, sino la trampa en la que se habían convertido los palones superiores de la montaña. Las intensas nevadas caídas durante las jornadas previas dejaron un espesor peligroso de nieve blanda que no había llegado a transformar.
Sin esa cohesión crucial entre la capa fresca y la nieve vieja inferior, el terreno se convirtió en un polvorín inestable. Proseguir significaba asumir un riesgo gigantesco de avalanchas, una ruleta rusa que ningún alpinista experimentado está dispuesto a jugar.
A la amenaza de los aludes se sumó la dictadura del reloj. Con el margen de tiempo agotándose y con la certeza de que aún quedaba por delante un brutal y agónico trekking de regreso hasta el punto de origen, la expedición decidió dar por concluida la actividad en la montaña.
«La montaña seguirá estando en el mismo sitio. Una retirada a tiempo siempre es una victoria, y lo primero de todo es regresar a casa con la integridad física intacta.»

No ha podido ser en esta ocasión. El Gasherbrum I mantendrá su manto inmaculado un tiempo más sin pisar por este grupo. Sin embargo, la expedición emprende el camino de vuelta con la cabeza alta y la satisfacción del deber cumplido. En el argot de la altísima montaña, saber leer las señales del terreno y no ceder ante la fiebre de la cumbre es lo que diferencia a los verdaderos alpinistas.
El Hidden Peak esperará. Martín Ramos y sus compañeros regresan intactos, con la mochila llena de experiencia y la certeza de que habrán nuevas oportunidades para volver a mirar de tú a tú a los gigantes del planeta.

