El mercado de Vizcaíno, a medias

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Óscar Cano le ha movido el tablero a David Vizcaíno y ha dejado en evidencia un mercado que, a estas alturas, sabe a poco

El cambio de sistema ha destapado carencias que estaban ahí, pero que ahora ya no se pueden maquillar. Si alguien hubiera anticipado este escenario en diciembre, el teléfono del director deportivo no estaría echando humo: estaría ardiendo.

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Han salido Rufo y Eslava, dos jugadores que hasta hace nada eran piezas estructurales, y ha llegado Marcelo, correcto en su estreno, sí, pero insuficiente para el contexto actual. Porque el problema no es lo que ha llegado, sino todo lo que falta.

Cano ha sido claro: necesita un 7–8 con peso real, capaz de jugar entre líneas y marcar diferencias. Y ahí el Zamora no está dando la talla. Burón sigue siendo voluntad sin impacto, y Romero es una incógnita permanente, más cerca del parte médico que de la continuidad. Con ese panorama, el equipo camina cojo.

El jugador elegido es Mario Losada, un viejo conocido que, con casi total seguridad, no entusiasmará a los abonados. Es un futbolista técnico y asociativo, del gusto de Cano, pero carente de velocidad y gol, justo lo que más necesita el equipo.

En defensa la situación es igual de frágil. Falta un central sí o sí, pero todo está supeditado a la salida de Clavería, que no coopera y bloquea cualquier movimiento. Si no sale, el plan B es un sub-23, es decir, parchear en lugar de reforzar.


El mercado avanza y el margen se estrecha. Vizcaíno negocia, sí, pero sin dar el paso decisivo. Y en una categoría donde el detalle marca la diferencia, acertar en los próximos movimientos puede cambiarlo todo.

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